El champú no debe ser producto bandera

Por Gabriel Ortiz De Zevallos, presidente ejecutivo de APOYO Comunicación

Hacer las cosas al champú (o a la champa) se le decía a improvisar. Y fue al champú -sin reacondicionador- que se hizo la descentralización en el Perú. Menos mal el gobierno nacional decidió tomar el control de los servicios de salud en Arequipa, más de 100 días después de que la hoy ministra Mazzetti encaró a sus autoridades regionales con su "todo falta, maldición”. Los gobernadores regionales eficaces, entre ellos el presidente Vizcarra, sacaron adelante sus regiones como pudieron, pero el aparato estatal peruano nunca se preparó para una descentralización seria. Más aún en un país tan heterogéneo como el Perú, donde la palabra ‘distrito’ representa tanta diversidad como la palabra ‘mamífero’. Distrito es San Juan de Lurigancho, con tantos habitantes como Arequipa, la segunda provincia más poblada del Perú. Y también lo son Uchuraccay (Ayacucho), Anguía y Oxamarca (Cajamarca), los tres más pobres del Perú.

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