Hace unos días estaba scrolleando en Instagram y me crucé con una colaboración entre una conocida marca del sector retail y una cevichería. Sí, una cevichería. Mi primera reacción fue de sorpresa: ¿qué conexión podía haber entre ambas marcas? La respuesta estaba en Las Gaviotas Cevichería, un restaurante de Chorrillos que ha logrado transformar su viralidad en algo mucho más valioso: una identidad tan clara que hoy puede cruzar formatos, audiencias e incluso categorías.
Y ese caso, visto desde relaciones públicas, dice mucho más de lo que parece.
En marketing, pocas cosas se celebran tanto como volverse viral. Pero la viralidad, por sí sola, no construye marca. Construye atención. Y atención no es lo mismo que reputación.
El problema no es que una marca se vuelva viral. El problema es convertir esa viralidad en objetivo, en lugar de entenderla como consecuencia.
Las Gaviotas resulta interesante justamente por eso. Su mezcla de cocina, baile y performance no se siente como una idea forzada para conseguir views, sino como una expresión propia, coherente y reconocible. Y cuando eso pasa, el contenido deja de ser solo contenido: se convierte en lenguaje de marca.
Eso explica por qué su crecimiento no se quedó en un video viral. Primero, empezó a atraer la atención de audiencias cada vez más grandes y de figuras públicas como Johanna San Miguel. Después, alcanzó visibilidad internacional cuando uno de sus videos fue compartido por Kim Kardashian. Luego, ese mismo universo salió de las pantallas y, durante algunos meses de 2025, tomó forma en shows en vivo dentro de su propio local, a uno de los cuales fui porque me cautivó ver cómo esa energía digital se traducía en una experiencia real. Más adelante, esa identidad demostró que podía adaptarse a colaboraciones con marcas como Popeyes, Inca Kola, entre otras, sin perder su código propio: el baile como recurso narrativo.
Ahí está la diferencia entre un momento viral y una plataforma de marca.
Muchas marcas logran lo primero. Pocas consiguen lo segundo. Porque una cosa es captar atención por unos días y otra muy distinta es construir una narrativa lo bastante clara como para trasladarse a distintos formatos, espacios y alianzas sin diluirse. La lección no es cómo lograr más views, sino cómo convertir visibilidad en un activo reputacional transferible.
Desde PR, esa distinción es clave. La viralidad es un evento. La reputación, en cambio, es una acumulación. Se construye con coherencia, consistencia e identidad.
Quizá por eso Las Gaviotas resulta tan interesante. No parece una marca obsesionada con ser viral. Parece una marca que entendió qué la hace distinta y encontró distintas formas de amplificarlo. Y esa es una diferencia enorme. Porque cuando la viralidad se persigue por sí misma, suele agotarse rápido. Pero cuando aparece como consecuencia de una identidad bien construida, puede convertirse en algo mucho más valioso: relevancia.