Elaborado por: Milagros Avendaño.

Resuelta ya la gran incertidumbre electoral, existe la expectativa de una relativa estabilidad política, aunque con protestas, junto con reglas de economía de mercado más previsibles y favorables para la inversión privada.

Sin embargo, creo que sería un grave error pensar que eso será suficiente. El principal desafío del próximo gobierno no será el modelo económico. Será la capacidad de gestión, la sensatez política y la habilidad para construir consensos.

Durante años hemos discutido qué políticas necesita el Perú. Hoy el desafío parece ser otro: ejecutar, articular, generar confianza y lograr que los resultados lleguen a las personas que más lo necesitan, mejorando su calidad de vida. En este contexto, el sector privado no puede limitarse a observar desde la tribuna.

Hace algunos años leí The First 90 Days, de Michael Watkins, probablemente el libro más influyente sobre cómo abordar una transición de liderazgo. En resumen: los primeros meses suelen marcar el éxito o fracaso de una gestión. No porque sea posible resolverlo todo en ese tiempo, sino porque es el momento clave en que se construyen relaciones, se escucha, se comprende el contexto y se establecen prioridades.

La mayoría de los líderes fracasa en una transición, no por falta de capacidad, sino porque subestima la complejidad del cambio. Actúa demasiado rápido o demasiado lento. Cree entender antes de escuchar. Intenta cambiar antes de comprender.

Me pregunto si, en lugar de poner todas las expectativas en el nuevo gobierno, tomando en cuenta que el país literalmente está dividido por la mitad y que vivimos una crisis de confianza generalizada, no deberíamos preguntarnos cuáles podrían ser nuestros propios primeros 90 días como líderes empresariales y ayudar de manera genuina, poniendo por delante los intereses del país antes que los propios.

 

¿Qué pasaría si cada CEO del país asumiera un compromiso concreto para contribuir desde el primer día?

 

Comparto algunas ideas:

 

1.Cuidar nuestras palabras, no polarizar.

 

Asumir un compromiso personal de no descalificar, no utilizar términos peyorativos y no compartir información que no haya sido verificada.

La polarización no solo se alimenta desde la política. También se alimenta desde nuestras conversaciones, nuestros grupos de WhatsApp y nuestras redes sociales.

Si queremos un país más unido, la responsabilidad también es nuestra. No caigamos en triunfalismos ni en la soberbia. Hay mucho por hacer. No más polarización.

 

2. Escuchar más al Perú.

 

Comprometernos a pasar tiempo en regiones durante los próximos 90 días. No para inaugurar proyectos ni participar en eventos empresariales, sino para escuchar.

Escuchar a emprendedores, pequeños empresarios, jóvenes, medios, autoridades locales y ciudadanos que viven una realidad muy distinta a la de Lima.

Es difícil construir soluciones para un país que no conocemos suficientemente.

 

3.Asumir un rol más activo en los espacios colectivos.

 

Definir en qué gremios, cámaras, asociaciones o iniciativas empresariales de Lima y regiones podemos aportar más tiempo, liderazgo y capacidad de ejecución, tanto nosotros como otras personas de nuestros equipos.

El país necesita más líderes empresariales dispuestos a involucrarse activamente en desafíos que trascienden a sus propias organizaciones.

 

4.Fortalecer a nuestros proveedores.

 

Revisar si estamos pagando a tiempo, especialmente a las pequeñas y medianas empresas que forman parte de nuestra cadena de valor.

Esta no debe ser solo una decisión del área de compras; debe ser una decisión de la alta dirección. Requiere una visión que vaya más allá de lo financiero y un compromiso genuino de ganar–ganar.

Preguntarnos también qué conocimientos podemos compartir: gestión, compliance, transformación digital, productividad, sostenibilidad o gobierno corporativo.

Muchas veces el desarrollo de una pyme depende tanto del contrato que firma como del conocimiento que recibe.

Hay iniciativas de EsHoy (Compromiso Mype) y de Empresarios por la Integridad que ya están operativas. Solo hace falta voluntad.

 

5.Hacer crecer nuestras cadenas de valor locales.

 

Preguntarnos si realmente estamos generando oportunidades para proveedores regionales, emprendedores locales y empresas que hoy tienen dificultades para acceder al mercado corporativo.

Debemos ayudarlos a incrementar su productividad y competitividad.

El crecimiento económico es más sostenible cuando las oportunidades se distribuyen mejor.

 

6.Generar más oportunidades para los jóvenes.

 

Estamos perdiendo talento a un ritmo preocupante. Miles de jóvenes tienen talento y ganas de salir adelante, pero encuentran enormes barreras para ingresar al mercado formal.

Quizás una de las contribuciones más importantes que podemos hacer como empresas sea diseñar mecanismos que permitan capacitar y tecnificar a jóvenes de poblaciones locales para que puedan acceder a puestos de trabajo especializados.

La formación de capital humano calificado, articulada con las necesidades productivas del territorio, permitiría impulsar la consolidación de ciudades intermedias más competitivas y resilientes.

 

7.Impulsar una iniciativa concreta de desarrollo.

 

Identificar una acción específica que contribuya al desarrollo del país desde nuestra empresa.

Para algunas organizaciones será una obra por impuestos. Para otras, programas de educación, empleabilidad, seguridad ciudadana, innovación, digitalización o fortalecimiento institucional.

Pero no solo desde el desembolso económico, sino desde el involucramiento activo en la construcción de soluciones: participando en políticas públicas y aportando desde aquello que sabemos hacer mejor como sector empresarial: innovación, articulación, planificación, definición de indicadores y seguimiento de la ejecución.

Son compromisos de largo plazo que requieren involucramiento sistémico. Lo importante es pasar de las declaraciones a la acción.

Los próximos años serán decisivos para el Perú.

El error más grande que podríamos cometer sería pensar que todo depende del nuevo gobierno.

El país necesita un gobierno que gestione mejor. Pero también necesita empresarios más involucrados, más conectados con la realidad nacional y más comprometidos con la construcción de soluciones.

Los primeros 90 días suelen marcar el rumbo de una gestión. Tal vez sea momento de asumir que estos también son nuestros primeros 90 días como sector empresarial.

Está bien esperar y demandar cambios, pero el Perú necesita que empecemos por nosotros.